La clonación

 

Por Édgar Bastidas Urresty

 

lonar es un verbo nuevo que se deriva de clon, palabra que según el diccionario significa “un conjunto de células o individuos procedentes de la división asexuada de una cédula primitiva, que presentan el mismo genotipo”.

La ciencia ha experimentado la clonación con animales pero no aún con humanos quizás por los problemas biológicos, éticos, morales que surgirían.

Científicos británicos clonaron con células jóvenes a la ovejita Dolly (muñeca) que vivió algunos años en buenas condiciones, pero que curiosamente murió de una enfermedad que suele darles en la vejez.

El sueño de crear seres vivos, independientemente del mito bíblico y de la procreación natural, ha inducido a que se intente producirlo al menos en la obras de ficción.

Frankenstein, (1818) es un personaje monstruoso, creado en un laboratorio por la imaginación de Mary W. Shelley.

El Extraño caso del Dr. Jekil y de Mr. Hyde, (1888) novela de Stevenson, cuenta la historia de un apacible médico que mediante fórmulas químicas en su laboratorio se transforma en un monstruo cruel y asesino.

Fausto personaje de Goethe, un mito universal, vende su alma al diablo para que le devuelva la juventud, la belleza y el conocimiento absolutos.

Aunque no son seres clonados, ni son asexuados ni puros como los ángeles, se han anticipado al desarrollo de la ciencia, de la biología.

Pero independientemente del laboratorio y de la clonación, hay hombres monstruosos no sólo por su fealdad física sino moral.

Si la clonación reprodujera hombres idénticos, la humanidad por una parte perdería. ¿Qué tal si clonaran a Hitler, Truman, Stalin, Busch, Amín Dadá, al papa Benedicto XVI, que tantos males le han causado a la humanidad?

Pero ganaría si clonara a Prometeo, Sócrates, Chaplin, Gandhi, a Marilyn Monroe, y a otras vedetes.

Dios y el diablo, no son clonables porque por sí mismos se reproducen en la infinitud de su poder.

Pero los negros, los chinos por ser casi idénticos y se cuentan por millares, los enanos, por su estatura, se negarían a la clonación. En cambio, no faltarían hombres a quienes les gustaría tener una colección de bellas mujeres, o dobles para un juego de suplantación de cuerpos e identidades.

 


Una respuesta to “La clonación”

  1. Y quisiera que mi cuerpo lo clonaran pero que mi mente no cambiara, de que me sirve tener un cuerpo nuevo si tengo que aprender desde el habla

    Que es igualito a mi, dicen los que no saben que: yo sólo sé que no sé nada, aquí es dónde me pregunto. ¿ Para qué tanto esfuerzo y tanta tarugada?
    De todas maneras nos va a llevar la fregada.

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