AUGURALIA

  Nombre de un libro inexistente que da pábulo a uno mío.

Altas voces cruzan los vientos.

Pilotadas por brujas de aliento.

Germanas, drusas o toledanas.

No besarán el pendón divino

 

¿Urdido el escalpelo qué vendrá?

Mar-y-luz ─y nunca más espoliar.

Pronto la palabra sabia acometerá.

¡Celebra poeta, vino ella trae!

 

Libre llega la mostrenca palabra

a la noche alada del ido maestro.

Entusiasta de las voces extrañas

la acogerá, gozoso, en el vuelo.

 
¡Auguralia, señalado astro!

¡Tropicalia ─avisada alimaña!

Oigan, ¿son enemigas las dos?

La habilidad contra la maña.

 
Tropicalia rearma la telaraña

con las fisiones más letales.

El prepotente abajo aplaude

la modernidad de la araña.

 
Y Auguralia es la estrella enclavada en una concha.

Enfurece su ajedrez. ¡El quid es cómo ella enroca!

Tú bien mío lías mar y luz; origen de un nombre.

Brusco latido lastima mi cabeza, ¡soba’a la pobre!

 

¿Se aparean a la distancia?

¡O son las voces como coces!

¡Esas voces que en su instancia

el aeda, el viejo escalde recoge!

 

 

Las voces cortejan unos seres extraños

de gargantas con timbres argentinos.

Suenan al aire fuertes y las campanas

se extasían imitándolos en la madrugada.

 

 

Acompasadas las voces son un solo signo.

En el vacío infinito al unísono proclaman:

“¡Buscar un espacio al miedo en el libro-

vademécum de Soila, ninguno lo hallará!”

 
Soila Dicecosas se llama la que porta la escoba más escuálida.

Flores de Kalio, rosas de Utria. De sobra serán vocablos finos.

Tristes setas pisoteadas: voces gruesas medio túrgidas.

Voces temblorosas en huida por las troneras litúrgicas.

Resurgen las palabras caras a las upas de los héroes locos.

Orgía de palabras, alebrestadas entre vírgenes y réprobos.

 

 

En el funambulesco recorrido

resuella con fuerza el de Tadó.

Esto es: el petimetre Alejandro.

El original poetastro de Chocó.

¡Qué de perlas-esmeraldas-bardo

tus proezas con la jerga truadó!

 

Nadie pone la pata a nuestro héroe

cuando de encontrar palabras doctas

se trata.

Palabras libidinosas como Penélope.

O tenerife; o la simpar chata tarabrata.

Tajamaje literario, personaje

lento, botapalabras (él las saca

del bombín sin sonrojarse;

y son palabras omniformes y sabias

de oficiante de eufónico nirvana);

después las guarda en el guardaser

que una vez

me prestó

estando yo en pos de retratarme.

 

Trucumán prior; embeleso de Tadó.

Alejandro Utria ─y no Aguilar;

pues aquí tenemos a Utria redivivo.

Cual el otro asedado por la mar.

Utria calcado al negro y no a color

con la lesna del viejo Fuenmayor.

 

 

¡Al tope aquél su verso más sabroso!

“Tenerife yo en el fondo de tus ojos.”

 

 
¡Palabratas sonoras y saladas,

palabras, palabras, palabratas!

¡Compiten las palabras sagradas

en las bocas de los héroes locos!

 

Un prestidigitador de la montaña

bautizó su flor leve Acuarimántima.

Y otro más lejano, en la Itálica,

llamó la suya tenue: Mandrágola.

 

Despotrica exasperado Maquiavelo,

pues no es la excelencia de su drama

lo que mueve el juego del teatrero;

sino la voluptuosidad de la palabra.

El Gran Teatro de la Mandrágora,

aunque no en el mundo el primo

con tal nombre, sí en Estocolmo.

Y lo que silba allí es sonoridad.

Sonoridad, sonoridad y nada más.

Es como un sonotropismo positivo

lo que vibra de Valero en el oído.

Para él Mandrágola es tan tan.

 

 

¿Y tú, Auguralia? ¡La más sonora!

Mas también, le escueza al diablo

la atroz autora de lo prefabricado;

y la más sensual y tal y pudorosa.

 

 

¿De verdad que le sacaste el bloque

al enfermo dictador de las Galias?

Entonces caben aquí las represalias

y todo el afrecho y los bodoques.

 

Y sin embargo yo te creo, Auguralia.

¿Por qué renán no iba yo a hacerlo?

¡Y quién yo en la voraz parafernalia

para oponer a una cesarina mi deseo!

 

 

 

Es malo y vengativo el del seseo.

Es decir: si irrumpe babia

despavoridas huyen las palabras.

¿Con qué artes pelear, Auguralia?

¡Estimula, hurga, enalba

tus armas!

En tu enjalma se harán fuertes.

Y en el contrapunto más valientes

 

Tus armas velas mientras.

Que abre un paréntesis

─agarrada a la escoba─

la de Estela Pujante

y Rechinante Estola.

Sacerdota Tonante.

Soila Sigilosa y Sola.

 

 
Y Soila perora

en el cubículo,

a la última hora.

-Son el empírico

(un ser hierático

e inexpresivo),

son el dogmático

(cual un eunuco

y muy errático…),

en suma son

en el humo

del aquelarre,

son, son,

barre

que barre,

son el cretino

con su coturno,

los tres palurdos,

los tres supinos.

 

 

Coces, insultos a los goces.

Son sus voces fieros coces.

Nunca mis voces se amilanan

o arrastran…

 

¡Pule tus voces, acéralas!

Buscan los labios al azar.

Acicala las del rebolero

perspicaz:

puntillosas y cerreras;

y medita: piensa en las jacarandosas

del nunca justipreciado barranquillero.

El nombrado poéticamente de la Rosa.

Y de los paliques públicos con la Rebeca,

las heteróclitas de Aguilar.

O las sonoras del teatrero

en Tensta,

junto al helado mar.

 

 

 Vivan las palabras que se van quedando

Vivan las palabras que se desplazan

Vivan las palabras que calafata Utria

en su ópima cachaza

Vivan vivan las palabras morganianas

entre el mono el moro y el marchante

Las pespuntaron y apuntalaron

A todas Abracadabrantes

 

 

 

Vivan las palabras que se van quedando

Vivan las palabras que se desplazan

Vivan las palabras que calafata Utria

en su ópima cachaza

Vivan vivan las palabras morganianas

entre el mono el moro y el marchante

Las pespuntaron y apuntalaron

A todas Abracadabrantes

 

 

 

Una a una las palabras van llenando

de nueva vida

los arbolarios

 

 

Aceración de miles de familias

(ingreso ingrato

mezquinas mesas)

Y ponderación para enfrentar

al poderoso Estado

(con más que la entereza)

 

 

En la cortedad

o la flaqueza

guerra a la propiedad

perdularia

y recipiendaria

y al destacamento que es cosa vieja

 

 

¿Y los niños? ¿Qué fue de los niños?

De la uchuva aún añoran la alegría.

Los cinco mil vikindios adoptivos,

¿a su ex-patria volverán algún día?

 

Que vaya a la espesura.

Y trepe montañas.

Allá verá una araña

y un cañón cara dura.

 

Si en tu vera aterriza una diosa

es que quiere plantar una rosa.

 

 

 

Lengua veraz de luz presagiadora,

responde al simún las preguntas.

Confío en ti como confía la yunta

en su par; al agobio de las horas.

Agua cantarina, clara y surtidora.

Vertedora, cuélate en el destino…

Muestra al mundo mi Locombia.

Auguralia del Lacio bienhechora.

¿Regresarán los hombres al camino

y sonreirán las mujeres a la aurora?

 

 

Orlando Cáliz


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