Auxilio

  Cuando desperté y quise besarla, ya no estaba. La busqué con la mirada por todas partes y no pude verla. Quise levantarme para buscarla en las otras habitaciones de aquella casa grande que juntos compartimos a la orilla del Mälaren; pero no pude. Fue entonces que decidí ver el espejo; aquel espejo grande que ella había comprado tras nuestra boda y que colocó frente a la cama. Lo vi una, dos y quizás mil veces. ¡Qué espejo tan grande! pensé pero a pesar de todo no me refleja, constaté; pues allí no había nadie. Lo que el espejo reflejaba era solo un montón de cocos, diplococos, estreptococos, estafilococos, tetracocos, bacilos, espiroquetas, espirilos, vibrios; solo un montón de seres de diferentes formas que antes me parecían minúsculos y ahora una especie de monstruos demasiado cercanos, tan cercanos que parecían devorarme. Lo que allí había era solo un montón de bacterias. ¿Dónde estoy? me pregunté; Y una voz que de inmediato reconocí, dijo, como leyendo mi pensamiento: Una de ellas eres tú. ¿Dónde estás? Le pregunté. Aquí a tu lado, respondió ella. ¿A sí? No te veo, le dije. Yo también soy uno de esos bichos, contestó; provocando un gran nudo en mi garganta o algo parecido, un gran deseo, casi incontrolable, de gritar: ¡auxilio! Sentía que me ahogaba, tanto en sus propias lágrimas, que parecían un río, como en mi propia desesperación. ¿Qué ha pasado? le pregunté, cuando logré controlarme. Qué no ha pasado, vale mejor preguntar, dijo ella. ¿Te acuerdas de aquellos pequeños cambios en la temperatura que nada tenían que ver con la estación? De aquella variabilidad climática no observada con anterioridad, de aquellas sequías, de aquellas inundaciones, de aquellas tormentas tropicales de inusitado poder, de aquel aumento de los ciclones. ¿Te acuerdas? Fue así como todo empezó, dijo finalmente.

 

Los científicos aseguraban que se estaba llegando a un punto de no retorno en el cambio climático, que a ese punto podría llegarse en menos de diez años, que el calentamiento de los polos y el desprendimiento de grandes bloques de hielo, así como la disminución de los glaciares ya era un hecho. Los científicos aseguraban eso, recordé con tristeza también que no les habíamos hecho caso. Pero me engañaba porque la verdad es que sí los habíamos escuchado, prueba de ello era el Protocolo de Kyoto y su intención de obligar a los países desarrollados a reducir la emisión de los gases invernadero en un 5%, lo cual no era suficiente, pero ya un inicio, para evitar el recalentamiento producido por la libre emisión de dióxido de carbono, metano, óxido nitroso, hidrofluocarbonos, perfluoocarbonos y hexafluoruros de azufre; por la contaminación ambiental provocada por esos gases que nos llevaron a la actual catástrofe.

 

El problema fue que no todos escucharon, dijo ella, como leyendo, de nuevo, mis pensamientos. El imperio de aquella época, responsable de emitir entre el 21% y el 25% del dióxido de carbono mundial, nunca quiso firmar o ratificar esos acuerdos, agregó. El problema fue que jamás aprendimos las lecciones de la historia, que nunca logramos unirnos para obligar a los que anteponiendo siempre sus propios intereses, jamás voluntariamente hicieron nada para poner por sobre esos intereses los de la humanidad, le dije. El problema fue que jamás se entendió que la unidad, a costa de anular la diversidad, no sirve de nada, me corrigió ella. El problema fue que tú siempre me obligaste a ir en coche cuando salíamos a tomarnos un café en lugar de tomar el colectivo. El problema fue que tú me obligabas a hacer el amor con las luces encendidas, en lugar de en el secreto y la oscuridad de la noche, en lugar de hacerlo a la luz de la luna.

 

El problema fue… siguió el conflicto; acompañado de cacerolazos, empujones y puños. Yo, sin embargo, me libré de todo eso. ¡Despierta! me dijo mi mujer sacudiéndome fuertemente, precisamente en el momento que algo venía contra mi cabeza, sacándome de ese modo de aquella terrible pesadilla.

 

¡Qué alegría! El clima no había aumentado todavía en más de sesenta o setenta grados centígrados; y en tanto no habíamos sido reducidos, aún, a bacterias; a iniciar de nuevo el proceso evolutivo. La temperatura no había siquiera aumentado en más de diez grados; y en tanto la ampliación de los desiertos y la reducción de las tierras fértiles como de las inundaciones a gran escala no eran todavía una realidad; pero ¿ cuánto tiempo faltaba para que si lo fuera?

 

Guillermo Aguilar

 

 


2 comentarios to “Auxilio”

  1. qué maravilla, qué imaginación me gusta lo que escribes, no soy ninguna autoridad, pero escribo, te admiro!

  2. ¡Impresionante! Te felicito.

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