CERRO BARÓN

  Por Marianela Puebla

Estás allí, reposando en el fondo del sueño

con veredas crepusculares de mi niñez.

Cerro Barón,

¿desde qué remoto reino anclaste en el puerto?

Te circundan celosías de otros tiempos,

en las cuales mis pies dejaron huella

sobre tus calles adoquinadas.

Te apareces como un relámpago

rasgando la placidez del recuerdo.

Inconfundible casa de la calle Arratia 319,

un número que no se olvida,

desde donde escuché a la lluvia desbocada

teclear su telegrama líquido, con ruidosa alegría,

arrastrando tarros y piedras

en afanada huida hacia el mar.

Cerro Barón, empinado, altivo y dicharachero

sigues rozando los vientres de las nubes

con picardía de porteño.

Eres el Barón de Valparaíso, galante y ameno

que se ancló en mi corazón cual un retrato en sepia.

Te añoro.

En la distancia apareces, fantasma de mis primeros años

y no dejaré de recordarte

porque en ti encuentro a los que ya partieron,

a los abuelos, a mi padre, los juegos infantiles.

Y en momentos de nostalgia vuelvo a tus calles antiguas,

como un náufrago me aferro a tu memoria

y se calman todos mis dolores.

 

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