CHALITA LA RATICA AMBICIOSA

 

En una humilde cueva, en las afueras del pueblo, una noche nació Chalita, una enorme rata, que por su voluminosa figura, causó la muerte de sus seis hermanitos de camada, ya que absorbió gota a gota el alimento materno.

Chalita era súper activa, al mes de nacida abandonó su maternal cueva, con el fin de explorar sola el mundo exterior. Pronto llegó al pueblo y se ubicó, cerca al mercado público, donde los carniceros arrojaban los desperdicios a las basuras.

Un día descubrió una quesera con fácil acceso para hurtar el precioso alimento, en su vida pueblerina, conoció Chalita, prácticamente a todas las ratas del pueblo.

En cierta ocasión, reunida con todos sus congéneres, les propuso el siguiente negocio, se que ustedes solo se alimentan de carne y agua, pues bien yo conozco un sitio, donde hay en abundancia exquisito queso, entonces yo les mostraré el sitio de la quesera, con la condición de que ustedes, me mantengan en mi cueva, la suficiente carne para el alimento de mi familia.

La gran familia de ratas aceptó el negocio y así cumplieron ambas partes.

Hasta que Chalita empezó a notar la disminución de la carne, y se dijo aquí algo esta pasando, pero a mi me cumplen porque me cumplen.

Poco a poco aprendió a ser comisionista, por todo cobraba, así no participara en los negocios, los demás ratones por físico miedo, pagaban sus exigencias, con sendas viandas, ya que para comer era exageradamente insaciable.

Cierta noche conoció un gato angora, el cual inmediatamente trató de devorar a Chalita,

Pero esta hábilmente le dijo, oye gatico, si sos inteligente, no me hagas daño, a cambio de la información que voy a darte. El gato con su cabeza asintió y la escuchó, gatico te propongo una sociedad, para que obtengamos mutuas ganancias, en tal parte existe una quesera don de van muchas ratas, yo te llevo a ese sitio, a cambio de que me retribuyas con buena carne de la carnicería, ya que a mi no me gustan los desperdicios.

El gato aceptó y una a una se comió las ratas de la quesera, y Chalita feliz, ya que logró desquitarse de las ratas que le incumplieron el acuerdo.

Pero el gato, cansado de cargarle comida a Chalita, la amenazó con otros gatos y la hizo huir del pueblo, a una cueva abandonada.

Allí Chalita murió, sola, abandonada, enferma, acompañada solamente por su ambición.

Moraleja. Que Chalita solamente sea una rata, que en lo más mínimo, se parezca a algunos humanos, que a diario abusan de sus semejantes.

 

Luis Eduardo Restrepo Morales

Enero 10 2007

 


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