DOS BOHEMIOS

 

La mañana de ese domingo, no auguraba un día de buen clima. En el parque principal como de costumbre, se encontraron los dos bohemios. Iván con su figura de Sancho Panza crollo, con los estragos del alcohol habitando su cuerpo, ya su pelo no entraba a la peluquería, pues ya había desaparecido. Para sus amigos Iván, cariñosamente llamado Miturro, era el hombre que se bebió la vida, en busca de un amor perdido que por fortuna, encontró en los últimos años, en el ocaso de sus ilusiones.

El Capi, su amigo de bohemias, con más años y acompañado de sus cotidianas borracheras, añoraba sus delirios, de ser declamador de poemas, después de los primeros tragos declamaba poemas de García Lorca, ya que el tratamiento que Lorca daba a la muerte, en su obra literaria le apasionaba.

Sin trabajo, sin dinero, con pocos amigos, y con los incontrolables deseos de ingerir, el precioso guaro.

No faltaba el amigo que se compadeciera de tal situación, regalándoles unas cuantas monedas, para comprar el alcohol antiséptico y la gaseosa, que temblorosamente mezclaban y obtener así el licor soñado.

Sentados en una banca del parque, poco a poco devoraban la botella, al son de historias y poemas, que los transeúntes ocasionales escuchaban.

Ya entrada la noche, tuvieron suerte, encontraron quien les llenara de nuevo la botella, caminando en zigzag, y abrazados para no caerse, llegaron hasta el cementerio, con el animo de declamarle a los muertos, los poemas de García Lorca.

Fue tal la borrachera, que exhaustos, vencidos por el licor y por el sueño, cada uno se acostó en ataúdes que ese domingo, el sepulturero dejó en el suelo, después de sacar los respectivos restos.

Después de algún tiempo, en una de sus bohemias, ellos contaron su noche en compañía de los muertos.

Decía Miturro, que aún sin amanecer despertó, y al verse tendido en el ataúd, llamó al Capi diciéndole, amigo mira, lo que nos han hecho nuestros congéneres, nos han desechado y fuimos condenados a ser enterrados vivos, a lo que el Capi, aún entre dormido contestó, para eso me llamó, acuéstese amigo y deje dormir, mejor tomémonos este trago, por todos los que están afuera de este sitio y no disfrutan la paz de este lugar y el delicioso placer de beber un guaro acompañado de los que ya han muerto.

Por primera vez ese lunes, se vio por las calles aledañas del Campo Santo, al sepulturero con la palidez de los muertos en invierno.

 

 

Luis Eduardo Restrepo Morales

 

Enero 14 2007

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Una respuesta to “DOS BOHEMIOS”

  1. muy bueno muy bueno felicidades.

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