El disgusto de Anacleto

 

El señor de la mulita recibió, ayer, una carta. No era la misiva que esperaba: aquella donde una mujer desesperada le ofrece la manzana prohibida del pecado; ese fruto por él tanto tiempo deseado. No, no era ese tipo de correspondencia; pero tampoco un mensaje más de los que él temía. Ninguno más de aquellos que acumulados en un rincón de su pequeña habitación llegaban ya, casi, hasta el techo mismo de su casa. Aquella vivienda en el norte de Europa a donde él llegó – hoy hace ya mucho tiempo – huyendo de la guerra. Aquel conflicto bélico centroamericano que al final no llegó a nada; aunque algunos todavía celebren su triunfo.

 

Aquella carta que el señor de la mulita recibió, entonces, no era, por suerte, ningún reclamo más por cuentas todavía no pagadas. No, no era eso ni tampoco lo otro; era simplemente un correo electrónico mal escrito. Eso y solo eso fue lo que recibió. Un mensaje electrónico de lejos con apariencia de respuesta al escrito que él, con anterioridad, le enviara al mundo. El mismo en donde él, reproduciendo una noticia de REUTERS, manifiesta su preocupación por lo que interpreta como avances de la complejidad política. Ese mensaje ante el cual el remitente de la respuesta – en la carta por el señor de la mulita recibida – simplemente se burla. Es por eso que la inicia con una expresión tan vulgar como extraña. Y es por eso que también, en el corto lapso que dura, conserva consecuentemente un tono irónico. Del cual no deja dudas, y tampoco de su carácter burlesco, al terminar la respuesta, el mensaje, la carta, con una sonora carcajada. ¡Métete un dedo en el culo! viejito; yo no creo nada de lo por ti, en la noticia, divulgado. Eso es lo que realmente, entre líneas, le dice. ¡Qué alegría le dio a él, sin embargo, recibir aquella carta! Hacia ya tanto tiempo que nadie le escribía y fue por eso que aquel verdadero rosario de preocupaciones, pesadillas, y sueños locos que él no compartía – que aquella carta con apariencia de respuesta a sus propias preocupaciones – le hizo saltar fuertemente, tres veces, el corazón. Fue por eso; pero también porque el mensaje, a pesar de todo, venía perfumado y con olor a guayaba o almendra. ”Querido amigo” le decía en algunas líneas; para luego soltarle una verdadera retahíla de convicciones propias bastante alejadas de las que él sustentaba. Él, sin embargo, no reparó nunca en esos detalles y ella tampoco lo hizo. No, ninguno de los dos lo hicieron porque convencidos ambos de sus propias mentiras no estaban interesados en las del otro. Y fue de ese modo como iniciaron un verdadero diálogo entre sordos. Un diálogo solo para escuchar sus propias voces. ¡Esto es el colmo! gritó irritado, disgustado, molesto Anacleto e inició por eso, mientras escuchaba el sonido de sus propias palabras retumbarle en los oídos, su propia carta de respuesta a ambos. ¡Vaya otro sordo! comentó alguien y se tapó él también las orejas.

 

Amigos! La política se vuelve cada vez más compleja!” decía textualmente el mensaje del señor de la mulita. ¡De la muleta, hombre! ¡De la muleta! le corrige Milplumas; ahora gracias a las buenas referencias del Doctor: asesor del Ingeniero. Bueno, sí, responde Anacleto; y en lugar de llamarle señor de la mulita, a su amigo, le llama a partir de ahora: mi comandante; porque para él fueron los que hicieron la guerra revolucionaria en el terreno sus verdaderos comandantes; aunque los responsables de su fracaso fueran, nada más, los que estuvieron sentados tras sus usurpadas mesas de dirección; posición desde donde también robaron, solo para ellos, los títulos que ahora yo, merecidamente, extiendo a todos; especialmente a mi amigo: que dejó allí un pedazo de su vida. Mi comandante, entonces, dice textualmente eso; para luego citando a REUTERS divulgar la noticia en donde un comunista, allí en donde todavía se afirma que existen, entrega al enemigo a otros tres comunistas. “Fy fan! tiene razon la oposicion / / Que se vaya ese dictador!! hahahaha” le responde Madame X – La 007 – a mi comandante; y luego se concentra, como los sordos, en su propio discurso sobre su última gesta revolucionaria allá en Culo del Diablo en donde ahora se encuentra. Su diatriba la logra efectivamente difundir en todo el mundo gracias a la ayuda gratuita de mi comandante – su querido amigo – que de sujeto de la guerra pasa a ser, de ese modo, objeto de la misma: una simple bomba de propaganda. Que como tal, estalló, – a manera de mensaje en mi computadora – una mañana de invierno, aquí, en el otro lado de la geografía que ambos comparten; en este lugar donde yo vivo. Me pregunto si no pudo Madame X, con su enorme nivel intelectual y cultural, ayudar, por solidaridad (esa palabra que a ella le gusta tanto) al querido amigo a salir de sus preocupaciones. ¿Si no pudo hacerlo? por lo menos para evitar lo kilométrico, cansado y monótono de su discurso; que de ese modo habría tenido matices y hasta contenido revolucionario; para no decir que habría parecido menos hueco. Y es que en similares condiciones, a las de ella, la mayor parte de revolucionarios eligen el silencio, allí, en donde ella escogió la propaganda. ¡No te preocupes por tonterías! pudo haberle dicho, ella, a mi comandante; demostrándole a continuación que lo que le preocupa en ningún momento significa que la política se complica sino que todo lo contrario: que sigue su curso simple y casi vulgar iniciado así tan lejos que como a finales de 1800. ¿Y no eliminaron los marxistas a los anarquistas durante la Primera Internacional para formar luego la Segunda y eliminar, allí, a los socialdemócratas y después formar la Tercera que eliminando de allí a los trotskistas obligó a estos a formar la Cuarta? Esa que debilitada y dispersa, luego del asesinato de Trotsky en 1940, todavía subsiste; del mismo modo que también lo hace el estalinismo y otras tendencias que de similar manera se eliminan mutuamente en lugar de concentrar esfuerzos contra el enemigo común. ¿Y que no vienes tú de un país en donde la eliminación de hermanos ideológicos, a parte de ser selectiva, fue también masiva? pudo Madame X haberle recordado a mi comandante; lo pudo hacer, pero no lo hizo porque no quiso; como tampoco quiso recordarle la componenda actual entre neoliberales y socialdemócratas para mantener el nivel alto de desempleo y de ese modo, también, los niveles altos de ganancia en favor de los grandes empresarios. No, no quiso hacerlo porque prefirió concentrarse en el relato de su propia odisea; esa realidad que el contexto y los mecanismos de cambio del protagonista, ella, vuelven fantasía; para no decir, negativamente, locura. ¡Qué no se culpe, entonces, a mi comandante por los siguientes disparates! porque fueron los desatinos de ella los que los generaron. Y en tanto es ella la única responsable de que de insensatez en insensatez, a lo mejor, se descubra una realidad. ¡Ojalá! que no; esa es mi esperanza.

 

Aquí en Culo del Diablo, lugar desde donde Madame X escribe: las mujeres andan con menos velos que en el país donde mi comandante reside; refiere la 007 en una de sus descripciones. ¿Sin velos? sin ropas: desnudas; deduce, mi comandante, con sus deseos, los míos y la de toda la fría Europa. ¡Desnudas! repite; y luego secándose el sudor de la frente va poniendo sus ojos pecaminosos sobre la piel de todas; que como en una revista van desfilando frente a su lujuriosa mirada. No hay allí, en sus ojos, ni gordas, ni viejas, ni enfermas. Todas se ven jóvenes, bellas y saludables. Solo han pasado algunos segundos; pero Madame X ya ha desaparecido de su mente. ¡Aquí estoy! viejito; lo despierta, de pronto, una voz e inmediatamente aparece ella. Va de minifalda roja y blusa corta, también roja, que no le llega al ombligo. Se dirige hacia él taconeando al caminar y moviendo muy bien el trasero sobre sus botas altas, negras y de charol. Al hombro lleva una cartera grande y negra que exageradamente mueve, quizás para llamar la atención, al mismo tiempo o ritmo de sus caderas. Están allí sobre una calle ancha, o avenida, que bien podría estar, no lo recuerda muy bien, en Barcelona. ¡Has olvidado las reglas del camuflaje! le dice, él, molesto; porque es por camuflaje que ella viste de ese modo. No, no es aquella ropa el distintivo del ejercicio de ninguna profesión, como algunos incautos lo han creído acercándose a ella para expresar preferencias y preguntar sobre precios; con el único resultado de recibir la perorata política más increíble de su vida. ¡Has olvidado las reglas del camuflaje! Le vuelve mi comandante a repetir y ella abriendo sus labios, bien pintados de rojo, solo le dice: es mejor así; le da un beso y se retira.

 

Aquella vestimenta, por increíble que parezca, es solo un camuflaje para encubrir la verdadera labor de Madame X que descrita de otro modo, con otros colores y mencionando a los muertos que ya hay, bien podría ser una página injustamente olvidada en El Diario del Che.

 

Compañero, le dice a todo el que se le acerca: ”esto no puede continuar así”. De ese modo inicia su contacto y luego le describe a Culo del Diablo como la verdadera Sodoma Y Gomorra que realmente es; para anunciarle finalmente que ya llegará el segundo Apocalipsis y ofrecerle al oyente, de ese modo, un boleto, en esta ocasión, naturalmente, no para el Folketsbio, sino que más bien para abordar un arca. Esa segunda arca de Noé, que como la primera, salvará al creyente, al pasajero, de la muerte segura. El arca irá conducida no por Noé; pero por una elite. No por cualquier minoría selecta; pero por una que bien lo merezca y que haciéndolo conducirá, irreversiblemente, a los indígenas auto deterministas y heroicos de su pueblo, entre otros pasajeros, al soñado reino de leche y miel. ¡Por favor un boleto a cualquier precio para mí! quiero pedirle y hasta suplicarle; pero su excesiva confianza en las elites, viniendo de una autoproclamada anarquista, me detiene. ¡Cómo puede ser eso posible! pienso. ¡Cómo puede ser posible que una verdadera anarquista ame el poder! ese que de acuerdo a la misma doctrina más que conquistar hay que destruir y que, en tal sentido, no deja ningún espacio para ningún tipo de elites, ni siquiera para las ilustradas o democráticas; que de ese modo bien podrían merecerlo; sino fuera porque con su poder destruyen, de antemano, todo el ideal. ¡Un boleto por favor! quise pedirle y hasta exigirle; pero vi de pronto, en la falsedad de su práctica las verdades que su discurso esconde: un arca chocando contra las rocas y en lugar de un reino de leche y miel un reino de sangre y de miseria.

 

¡Fue por eso que me quedé, irritado, disgustado, molesto aquí en la playa! ¡Fue por eso que no abordé su barca y que empecé esta carta! Por las simplicidades de la política – su carácter antidemocrático, su falta de transparencia, su maquiavelismo e t c – que mi amigo no entiende o no quiere entender. Por la falta de solidaridad de su amiga, que prefiriendo escucharse ella misma, no quiso explicárselas o recordárselas. Por lo que todo esto implica para complicar la política, es decir, para hacerla menos política en cuanto que más ética y para posibilitar desde ella la unidad sin quebrantar la diversidad y viceversa; por eso también la empecé. Y es que ¿cómo va ser posible lograr lo que pretendemos si ni siquiera hemos aprendido a comunicarnos? O ¿pueden comunicarse, políticamente hablando, los sordos? Yo intento hacerlo; pero de momento solo oigo el sonido de mis propias palabras retumbando en mis oídos; y por eso creo, que – aunque no abordé el barco de Madame X – también me hundiré junto a él; que ya choca contra las olas, que ya choca contra las rocas, que ya choca contra esta realidad que debe ser cambiada; pero que no cambiará mientras no cambiemos nosotros, ni nuestra política, ni nuestro egoísmo, ni nuestra ética; y tantas cosas más que también deben cambiar y que al final todos cambiaremos; aunque no mi comandante que ahora duerme y que durmiendo me soñó y la soñó: tuvo una pesadilla. Una angustia, un temor que lo salvó. Ahora tiene, mi comandante, el reto – como único sobreviviente de la catástrofe que acabó con ella, que acabó conmigo, que acabó con todo – de empezar de nuevo otra vez; a lo mejor por qué no, con aquella ya histórica frase: “Amigos! La política se vuelve cada vez más compleja!”. Con esa frase que ahora si, esperamos, romperá el lindero de lo simple; y que haciéndolo le dará de nuevo una oportunidad de vida: a su amiga, a su amigo y a todos aquellos que por esa simpleza murieron.

 

Un abrazo
Anacleto
NOTA:

Luego de esperar durante un mes el regreso de Anacleto Gorriones, mi jefe, y de comprobar su muerte en una playa que pidió no revelar y a donde viajó con motivos de descanso; decidí enviar a su lista de contactos la anterior carta que recibí de él para efectos de revisión y corrección. Estoy seguro de que era su voluntad de que así lo hiciera y seguro también de que a sus amigos les dará gusto el disgusto de leerla. Las opiniones allí expresadas, que en buena parte yo no comparto, son de su responsabilidad. Yo solo he influido en la redacción de ciertas ideas que no estaban claras en el original. Milplumas Malparido, dic 20 de 2010, Suecia.

 
Guillermo Aguilar
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2 comentarios to “El disgusto de Anacleto”

  1. Diferente.
    Me gustó.
    Un abrazo

  2. Me parece una gran porqueria.

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