El negro Raúl

-El negro Raúl peleó, corrió y rezó por su vida; pero lo alcanzó la muerte.

-Peleó por la vida de un pueblo; le corrigió Manuel. -De ese pueblo que está muerto y lo olvidó junto a tantos que también cayeron, replicó Teo.

-Que sus dirigentes se hayan rendido o vendido no quiere decir que el pueblo esté vencido, dijo Marlene y volvió de nuevo al silencio para continuar planchando la camisa de su marido.

-Lo que se quería era terminar con la dictadura y se terminó; de tal modo que aquí nadie a perdido nada, ¡Alcánzame otra cerveza! le gritó Manuel después a Marlene; quien inmediatamente dejo de planchar para irle a buscar otra cerveza a su marido.

 

Raúl, Agustín el médico, luchaba por el socialismo; pero por ese socialismo que respeta las creencias del pueblo y por eso también iba a la iglesia y hasta rezaba. Habituado en su profesión a ver continuamente la muerte ya sabía, el negro, que su socialismo no tenía las respuestas de todo. Yo lo vi pelear, o mejor dicho temblar, correr y saltar un muro para ponerse a salvo de aquella emboscada enemiga aquellos días de masacre ya olvidados.

¡Soy un cobarde! me dijo aquella vez Raúl; el valiente Raúl; porque es de valientes reconocer las propias debilidades y de ese modo no cerrarle el espacio a las creencias que la complejidad de la vida objetivamente mantiene abiertas independientemente al desarrollo, social, económico y político alcanzado por una determinada sociedad. Será sólo cuando todos tengamos la valentía de Raúl, solo entonces, cuando quizás podamos contra la muerte.

-Contra esa muerte que se llevó la vida de Raúl y la de tantos otros, dijo Teo; gritando al mismo tiempo ¡viva la vida! Para luego retirarse de aquella reunión de excombatientes del MRH; ahora comunes desempleados a pesar de la llegada al poder de su dirigencia.

En realidad debería escribirse ese movimiento revolucionario de hombres, para mayor respeto a la historia, con letras minúsculas y siglas especificas que ubicaran geográficamente a dicho movimiento pero no hace falta para que se entienda que esto sucedió en la patria de Raúl, aquel lugar geográficamente especifico pero que también, lamentablemente, puede caber en un territorio más amplio. Muchos pueblos, en donde también ha habido hombres similares a Raúl, han querido escribir con mayúscula su historia y los movimientos que han formado para transformarla, pero sus dirigentes, de manera cobarde como pasó en la patria de Raúl han obligado a escribir finalmente el nombre de esos movimientos con letras tan pequeñas como del tamaño real a lo por los pueblos logrado; ya que no se va a medir el tamaño de las letras por el poder o la riqueza alcanzada por sus dirigentes; que si así fuera habría que buscar letras aún todavía más grandes que las mayúsculas, pero hacerlo sería, naturalmente, un engaño.

-¡Viva la vida! gritó Teo otra vez, como si fuera un borracho. Él que fue el único en retirarse sin haber consumido una sola gota de alcohol en aquella reunión que él y otros tantos tuvimos en la casa de la placita. Aquel lugar antes frecuentemente ocupado por tanquetas y ahora por borrachos, lisiados de guerra, desempleados y delincuentes de todo tipo.

 Guillermo Aguilar

 


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