EL RETRATO DE DOÑA POLA

 

Cuento

Elizabeth Óliver de Ábalos ― Uruguay

A las tres de la madrugada se habían ido los últimos invitados, Anita se tendió en el sofá y miró a su alrededor. Antonio había guardado las botellas en el bargueño y los envases en la despensa antes de acostarse. Ella tenía que dejar el living más o menos presentable antes de acompañarlo.

 

Pensó en vaciar los ceniceros, tirar las servilletas de papel arrugadas y poner el mantel en el cesto de la ropa para lavar. Acomodaría los platos y vasos usados sobre el mármol de la cocina para lavarlos al otro día… y también dejaría la limpieza de la alfombra y una repasada al encerado del piso para mañana.

 

Mientras organizaba sus actividades encendió un cigarrillo, dejó caer sus zapatos y entrecerró los ojos pensando lo bien que había estado la fiesta, no había faltado nadie y se habían divertido muchísimo.

 

El hermoso brazalete de plata con una enorme turquesa engarzada que le dio Antonio, el delicioso perfume francés que le trajo su hijo Andrés y los regalos de los amigos, la habían hecho sentirse tan apreciada que le encantó haber cumplido cincuenta años.

 

Le costaba levantarse del sofá y concretar su breve programa, pero sabía que Antonio la esperaría despierto. Hizo un esfuerzo, despejó el living rápidamente, miró de reojo el retrato de doña Pola sobre la mesita de mármol y se fue al dormitorio.

 

El sábado se levantaron tarde los tres y los quehaceres de Anita se redujeron a la cocina. Estarían juntos hasta que Andrés saliera con su novia al atardecer. Todos aprovechaban al máximo esas reuniones íntimas en la casa. De tarde, Antonio alquiló una película y Anita se acomodó en el living para verla con él.

 

Andrés regresó temprano, el domingo al amanecer iría de pesca con su padre y ambos se acostaron. Anita preparó la comida que llevarían los hombres para el día y repasó su programa dominguero, estaría sola y dejaría la casa brillante, como a ella le gustaba.

 

El domingo comenzó para todos antes de salir el sol, aunque Anita tuvo que hacer un esfuerzo para vencer el cansancio y esas terribles ganas de no hacer nada que le atacaban otra vez. Cuando le pasaba eso la invadía un sentimiento de culpa y miraba el retrato de su suegra casi con vergüenza.

 

Doña Pola había muerto y no podía disculparse con ella por haberle recriminado una forma de ser… con la que ahora ya no discrepaba tanto. Siempre se había preguntado por qué Antonio había elegido esa fotografía de su madre con una expresión tan seria que casi parecía enojada.

 

Las discusiones entre las dos habían sido siempre por lo mismo. Anita tenía la obsesión de la limpieza, el orden y el brillo de la casa. Doña Pola le criticaba el excesivo esmero, haciéndole ver que había otras cosas más importantes que hacer en la vida, que debía guardar un poco de energía para el marido en vez de esperarlo todos los días con la casa reluciente pero totalmente agotada. Antonio no le hacía reproches, pero Anita sabía que muchas veces se dormía obligado, incapaz de cualquier insinuación ante su notorio cansancio por las fajinas del día.

 

Ahuyentó los recuerdos y la pereza, y se puso a trabajar a toda máquina, con la intención de terminar con tiempo de descansar un poco antes que volvieran los improvisados pescadores, pero cada vez que se cruzaba con el retrato sentía que la mirada adusta de doña Pola le decía una vez más que estaba derrochando la vida por una estúpida casa limpia.

 

Llevó la escalera larga de dos hojas de un lado para otro por toda la casa ―franela en mano― porque quería dejar todo limpio, y los techos estaban incluidos en la tarea. No paró ni para comer, ya tendría tiempo de hacerlo a la hora de la cena. A eso de las cinco de la tarde, dio por finalizada su labor. Guardó la escalera en el garaje y fue a darse un buen y merecido baño reparador.

 

Ya vestida y fresca pero aún cansada, se tiró en un sillón a fumar el primer cigarrillo del arduo día, y a disfrutar su obra. Revisaba con la vista todo lo andado cuando allá arriba, en la parte superior de un cuadro… vio la franela colgando del marco.

 

Anita dio un grito, ¡no era posible!, recién bañada tenía que cargar la escalera otra vez para bajar el maldito trapo ¿cómo pudo dejarlo olvidado ahí? Salió camino al garaje refunfuñando y se dispuso a subsanar de una vez el desgraciado error.

 

Le dolían los brazos y las piernas al subir los escalones por todo el esfuerzo de tantas horas. Pensando que al regresar la escalera a su sitio al fin podría decir ¡basta!, dio un brusco manotón para alcanzar la franela, perdió el equilibrio… y con el trapo en la mano se vino al suelo.

 

La escalera se balanceó sobre sus dos hojas, pero se mantuvo en pie. Anita cayó rozando la mesita, y el retrato de su suegra también terminó en el piso. Casi sin aliento por el dolor, logró arrastrarse hasta el teléfono para llamar a la emergencia. Dos horas después los enfermeros de la ambulancia la trajeron de vuelta, la dejaron en el sofá todavía un poco somnolienta por los calmantes, le acercaron el teléfono y se fueron.

 

Anita sintió que se abría la puerta, sus dos hombres estaban de regreso. Andrés entró primero, la vio tendida en el sofá con una pierna extendida sobre los almohadones enyesada del pie hasta la rodilla, y acercándose a su madre se deshizo en preguntas. Antonio la miró unos segundos en silencio, dio un vistazo alrededor, entendió muy claramente lo acontecido, y por primera vez… exteriorizó su queja:

 

¡Hay que joderse, Anita!, ¡tenías que fregar todo el día hasta no poder más!, ¡mirá qué programa me espera a mí! ¡Me cago en la casa limpia si no tengo mujer, carajo!, ¡por culpa de la limpieza estás siempre cansada… y no se puede! Y ahora… con una pierna enyesada ¡me tengo que volver monje por tres meses, por lo menos!

 

Andrés ―que no entendía nada― se quedó mudo en medio de los gritos de su padre y el llanto desconsolado de su madre… Antonio se fue a la calle, dando un sonoro portazo. Y en el suelo ―al costado de Anita― a través del vidrio hecho trizas, doña Pola, increíblemente, sonreía…

 


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: