ELEGÍA AL AMBOYEDE

ELEGÍA AL AMBOYEDE Y A LOS

CHEQUEADORES DEL CARIBE

 Envío: Al poeta argentino Oscar Pérez con mis

gracias por pararle bolas a la indecible palabra.

 

Carlos Millares. Tu venia venga para contar la historia

de Carmenza la besada. Carmenza Besada y su nexo

transpiral, cuasi real-maravilloso con el amboyede*.

Los Chequeadores del Caribe ¡qué tienen que ver!

 

Establecidos por un niño afrodescendiente en Cartagena.

Un mes de octubre era, año 1947 frente a mi casa de la

calle de La Bomba en el Barrio de San Diego. Éste con

su parque “Fernández de Madrid”. A su lado la pareja

interiorana con sus 24 hijos. Y la iglesia “Domingo de

Mogrovejo”. ¿Qué diablos contará este romo monje

españólelo para el Caribe y sus tres valedores? ¡Ay niño

eximio habitante del Barrio Número Uno Enemigo del

Amboyede; amigo eras de Millares Carlos! Puntales estos

dos de nuestra Asociación; adorada por nosotros los tres

merodeadores. Opuestos –de manera inopinada– al

clasista ataque al amboyede.

 

Qué tiene que ver quien a Carmenza los labios como a frutas

en punto mordiera y mordiera, mojara y lamiera; quien a sus

pechos turgentes hocicara; quien a su cuerpo estrujara y ella

desfallecida y nosotros tres empapados; arrebujados tras los

pupitres de la escuela que frente a mi casa funcionaba. Qué tiene

que ver el intrépido galán peliculero, objeto del fisgoneo de la

institución por el eximio niño creada, apodada Chequeadores del

Caribe. Carmenza Besada y él, Albertico, acezantes. Y nosotros

niños abrasados. Embelesados mirando. Y también acezantes.

 

Por vía del Costeñol, dialecto hablado en la Costa Caribe

colombiana, dos voces, ambos y hieden, conforman la racista

expresión amboyede. En la Cartagena del Caribe de aquel

tiempo el término ambos denotaba al camión de la basura y al

hombre, siempre sudoroso, que recogía ésta. Uno y otro no

olían sino que hedían. Esto era así antes del año anotado 1947

y, quizás, algún tiempo después. En castellano simple se

precisarían dos palabras para indicar lo dicho: Ambos hieden.

No en Costeñol. De ahí amboyede. “Allí viene el amboyede”,

decía la gente en ese tiempo.

————————–

*En la Suecia actual se da también este fenómeno. No es sino montarse en los ascensores del centro de Estocolmo para comprobar la presencia del amboyede en este país del primer mundo. Los ascensores despiden un olor cochino (no huelen precisamente a ámbar, como dijera don Quijote) porque por la noches descargan allí su micción los borrachos. En Estocolmo los borrachos y los ascensores no huelen a ámbar. Es un mal olor el que despiden. Ambos hieden a orina. ¡Caramba! Los amboyede suecos

 Orlando Cáliz

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: