Hombrecillos

 

No brilla el largo aliento por valles y montañas,

apenas con los hechos cotidianos nos basta.

Nuestro mundo es un mundo sin lúcidas preguntas,

razonable, atinado, donde el alma se amustia,

donde los v iejos dioses nos miran, azorados.

¡Caminamos a ciegas, arrastrando los pasos!

 

 

Se ha quedado dormida la universal Conciencia,

de ese TODO intuido de elevación intensa.

Hombrecillos apenas, que pasan y se mueren

ignorantes, sin frutos, sin raíces perennes,

así somos nosotros, ocultando los sueños,

desechando la esencia, apagando los truenos!

 

 

Se ha esparcido por Gea el polvo del silencio

e invaden las malezas los antiguos secretos.

Se han quedado vacíos los sagrados altares,

ya la intuición no capta a los celestes manes.

La visión religiosa del hombre se ha apagado

y con ella el misterio, fiel patrimonio humano.

 

 

La unitaria conciencia ayer nos encendía,

fuese en cuevas prehistóricas o en las remotas villas,

con misterios de Eleusis o en los templos de Innana,

aliento de Zoroastro, de profetas palabra,

conciencia de trasmundo plasmada en Evangelios

¡Gigantesca armonía, sutil entendimiento!

 

 

El misterio sagrado de estirpe americana,

y el cosmos en los ritos de sacerdotes mayas.

Las afiebradas noches tropicales de antaño,

ensueños e intuiciones por ciudades y campos

de la Central América. Los cantos y los ritos

del bravo pueblo azteca y cruentos sacrificios.

 

 

Mitológicos cuentos con conciencia del Todo

por senderos de piedra. De los Incas, su coros

elevados al sol, por andinos caminos,

trazados en los bosques, las alturas y ríos.

Los fetiches nativos, en las oscuras grutas

donde magia y fervores se planteaban preguntas.

 

 

¡Se han callado las voces refrescantes del alma!

A sosiego los seres soñadores se llaman.

Se reclina, cansada, la sublime Conciencia,

en los lechos mullidos que estos tiempos le acercan.

¡Mas los dioses de antaño no se han ido del todo,

allá, en el horizonte esperan, temblorosos!

 

 

 

 

(r) Irene Mercedes Aguirre, del libro Ventanal a tres tiempos, Buenos Aires, Ediciones Amaru, pp. 110-111

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2 comentarios to “Hombrecillos”

  1. Irene tu verso sublime evoca los secretos de culturas y estirpe de antiguas ilusiones, los restos de tradición y misterio; grandioso y gallardo en la cultura de otros tiempos, te felicito.

  2. muy bueno, felicitaciones
    maria cristina drese
    poeta del mundo

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