LA BONDAD DEL SÁBALO GRANDE

 

Pedro Romero, elaboraba anzuelos

para peces inmensos”

Valeriano

 

 

Mi abuelo, sabía mirar el sol y hablar con las noches, caminaba sobre una hoja de almendra y buscaba a los animales para conversar sobre los hombres, brindaba fácilmente la limpieza de su conciencia, la brindaba a los niños para que la transformaran en canicas de cristal y después pudieran ver los sueños del mar grande que golpeaba los dinteles de sus viviendas en los caseríos del Boquetillo.

 

Pescaba peces grandes que sabían contarle a él la necesidad que tenían de morir para bien de los niños que jugaban contando las gaviotas que anunciaban los días de lluvia y de la subienda de jureles. Él sabía pararse en el borde del bote y tirar la atarraya , cuando se anunciaba el mero guasa que dormía bajo el puente de Chambacú.

 

Todos conocíamos aquel pez de escamas gruesas y brillantes de concreciones salitrosas que los niños podían arrancarle para hacer prismas que les permitían descomponer los rayos de luz y mantener atrapado el arco iris. Después vendían los colores del arco iris para teñir el papel blanco que botaban los camiones de la basura, y con él forrar barriletes que elevaban en la “Regulá del Ovejo” y los utilizaban para hablar con las nubes de la esperanza, eran unas nubes que caminaban con lentitud por los años y el peso de su cuerpo, pero sabían guardar la esperanza, para brindarla en forma de lluvia dulce, eliminadora de la tristeza, porque no tenían el rencor de los tiempos contemporáneos en que los hombres las han contaminados y ahora mantienen en sus entrañas granos de carbón que les impiden respirar bien y comportarse con dulce esperanza para los niños.

El abuelo comprendía todo aquello, porque ahora, tenía la oportunidad de hablar con demiurgos o dioses de otras dimensiones, que le explicaban los efectos de las nuevas tecnologías.

 

Él caminaba por la ciudad limpiando las calles de las voces que ensuciaban el aire, aquellas voces las transformaba en palabras de buen sentido, no se como hacía pero era maravilloso el tratamiento que le daba a las voces altisonantes y groseras. Pero en realidad era sencillo lo que hacía, daba una explicación del porqué, se lanzaban al aire aquellas palabras, y esto bastaba para no oírlas en el aire y quedar sepultadas en el vientre de su mero amigo.

 

El abuelo guardaba en su corazón, muchas cosas, desde objetos pequeños hasta organismos gigantes que algunas veces violentaban las paredes de aquel órgano, que dejaba de ser órgano para convertirse en una bóveda inmensa que adquiría la forma del sombrero gigante de un mago, tenía la facilidad de poder sacar los elementos que quisiera y brindarlos a los que pasaban por el frente de su casa y cuando ya lo sentía un poco desalojado, descansaba y dormía con los brazos abiertos esperando el regalo de la sonrisa de los niños.

 

Un día en que las lluvias, no guardaban el rencor por los hombres, derramaron la bondad que añoraban los cartageneros, ese día fue un Once de Noviembre del 1861, cincuenta años después del Grito de Independencia, dado en el barrio de Getsemaní,

comandado por Pedro Romero, El Tuerto Muñoz (Ignacio Muñoz), los hermanos

Gutiérrez de Piñeres y el pueblo de Getsemaní. Aquel día la lluvia conservó su

hallazgo mítico, cayeron de las nubes cincuenta sábalos de dos metros de longitud y un peso de muchos kilos, con los cuales la población de Cartagena, pudo alimentarse durante un semana, mientra pasaba la escasez de alimentos, producida por una de las tantas guerra civiles que ha tenido este suelo. El abuelo me repetía esta historia, para congraciarse con las nubes y la bondad del Mero Guasa, que anidaba bajo el puente de Chambacú.

 

Hoy, muchos de los descendientes de aquellas familias que lograron vivir aquel acontecimiento de la lluvia de sábalos, esperan que vuelva a acontecer , porque así parece que quedó en el imaginario de los que estaban presente: Volverá a darse la bondadosa lluvia, pasado ciento cincuenta años, es decir, cuando se cumpliera el Bicentenario de la Independencia, y parece que debe cumplirse el 11 de Noviembre de 2011…

 

 

Juan v

 

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