La cabeza de Alfonso

Grande era la cabeza de Alfonso porque grandes eran también sus sueños; tan grandes eran, que por eso casi nunca dormía. Aquella noche anterior a la tragedia, sin embargo, pudo dormir como nunca.

Todo lo planearon muy bien, ellos, los soldados que en aquel camino lo estuvieron esperando. ¡Parece una pesadilla! ¡Fue algo horroroso! Sucedió sin embargo en realidad. Alfonso iba, por allí, con su mochila al hombro y bien despierto; por allí y seguramente soñando cuando de repente sintió dificultad para continuar haciéndolo; y por eso se llevó las manos a la cabeza; pero el filo de un machete le impidió tocársela. El no pudo ver la herramienta, el fierro asesino y tampoco sentir lo helado de su filo, no pudo hacerlo; pero pudo ver sus propias manos. Sus propias extremidades de poeta y obrero tratando de contener la sangre. Lo pudo ver muy bien desde allí en donde quedó tirada su cabeza. Fue una cuestión de segundos; pero suficientes para que lograra oír también – desde esos dos metros de distancia en donde quedo tirada la cabeza separada del cuerpo – las carcajadas de los soldados celebrando su triunfo.

¿Por qué mataron a Alfonso y por qué de ese modo? Para impedir, naturalmente, que continuara soñando; por eso y para aterrorizar también a todo un pueblo a que como él lo continuara haciendo. De ese modo quisiera yo responder; me contó Ramón mucho tiempo después de que aquello sucediera. Quisiera hacerlo, me dijo; pero no puedo porque cuando eso sucedió ya los sueños de Alfonso habían sido traicionados y por eso no significaban ya un peligro para nadie. La traición la hicieron los mismos dirigentes de aquel movimiento revolucionario al que pertenecía Alfonso. A cambio de salvaguardar su propia vida esos dirigentes habían abandonado sus ideales. Todavía no habían firmado la paz; ese acuerdo que garantizaba la seguridad económica y política de los ricos. Faltaban todavía algunas formalidades; pero la decisión de abandonar al pueblo en la ejecución de su derecho cotidiano de legítima defensa, estaba tomada desde hace ya mucho tiempo; aunque todavía lanzaron después de aquello una ofensiva para disimularlo. Creo que a Alfonso lo mataron los soldados para celebrar de ese modo, simbólicamente, el triunfo de los intereses a que estos representan sobre la guerrilla; a la que muy bien Alfonso representaba (aunque no fuera su dirigente) con todos sus años de militancia. Creo que lo hicieron por eso pero también por pura venganza personal. Y es que Alfonso era físicamente un gigante; los soldados le temían con solo verlo. Muchas veces se rindieron ante su sola presencia. Prácticamente no necesitaba armas para atemorizarlos. Ponerse con anticipación en suficiente ventaja y matarlo de la manera más salvaje, era por eso un codiciado plan para las jefaturas militares de aquel país tropical en donde nosotros – Federico Puertas y Ramón Gorriones – hablamos largamente sobre este compañero; que más de una vez nos escribió un poema para ayudarnos a conquistar a las mujeres con las que ahora – aquí bien lejos de la patria – vivimos. Fue una forma de celebrar la victoria insisto; pero también una forma que un montón de cobardes usaron para sentirse más valientes. ¡Y vaya que fueron valientes! semejantes maricones; le dijo Ramón A Federico asegurándole que la justicia tarda pero que siempre llega. Después de esa conversación, no se ha sabido más de ellos. ¿Será que la justicia está ya cerca?

                                                                                       Pedro Cástrales 

 

 

 

 


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