La palabra dolida

 

                                                                A Japón
 
Si todos somos uno ¿No es mi hermano
éste que sufre y clama entre la masa
de hierros retorcidos, de argamasa
bajo el violento embate de lo arcano?
 
Mi palabra se forja sobre el duelo
de las horas de pena planetaria.
Hoy la flor no perfuma. Como paria
vuelve el hombre los ojos hacia el cielo.
 
¿Por dónde se abrirá la ruta cierta
para los corazones desolados?
¿Quién cicatrizará la herida abierta?
 
¡Abrazo, con mi verso demudado
los trágicos momentos, la hora incierta
que impone este dolor desesperado!
 

® Irene Mercedes Aguirre, 16 de marzo 2011


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