La segunda etapa del caos

Ciertamente, resulta imposible negar que esa celebración del Día Internacional de la Mujer, referida por Guillermo Aguilar, bien podría catalogarse como la reunión de latinos más accidentada de que se pueda tener noticia en los últimos tiempos. Según algunas crónicas que se escribieron después de lo acontecido, el origen de ese confuso acontecimiento, estuvo, al parecer, obviamente en la diferencia de hora que hay entre los países a que pertenecen los dos personajes que organizaron ese evento, que inevitablemente quedó clasificado dentro del género `desmadre´.

 

La hora argentina (que rige a quien fue principal organizador), no contiene la misma extensión de tiempo que la hora peruana (por la que se guía quien fue segundo organizador), y ambas dichas horas, según uno de los asistentes a ese acto, están de seguro, perfectamente sincronizadas, no con el Tiempo Universal Coordinado, como debería de ser, sino con las horas que mide Satanás.

 

Esta diferencia de horario resultó en que a la hora prevista para comenzar el acto, se regateaban en el mercado el precio de las viandas (en crudo), con que se agasajarían a las mujeres en su día, a la vez que se trataba de convencer a una apreciable dama de la comunidad, que se hiciera cargo de cocinar y preparar, las raciones de batallones y batallones de mujeres que se esperaba concentrar en un local cuya capacidad máxima, antes que se den los primeros casos de lipotimia, claustrofobia y asfixia, es de treinta personas.

 

De modo pues, que cuando las primeras mujeres comenzaron a abandonar el local, con evidentes síntomas de úlcera gástrica, y completamente decepcionadas, luego de esperar dos horas infructuosas a que diera comienzo el acto, los organizadores, un argentino y un peruano que prefieren permanecer en el anonimato, escogieron de manera precipitada y al azar, un maestro de ceremonias entre la muchedumbre, suplicándole que declarara por iniciado el evento.

 

En medio del caos más absoluto, pueden subsistir, perfectamente, burbujas de coherencia. Es ley de la dialéctica. Esta vez no fue la excepción. Ese momento de racionalidad vino en la intervención de una militante de mil batallas que reformuló una minuciosa relación de revoluciones y mujeres imprescindibles en la historia de la sociedad humana.

 

Finalizada esa relación, retornó el aquelarre. El público aplaudió a rugir cuando se anunció la entrada en escena del amo y señor del caos. Hubo decepción cuando se le vió sin el monito que acostumbra llevar sobre la espalda, sin su penacho de plumas y el rostro apesadumbrado. Esta vez su actuación fue, obligada por el realismo, trágica y sosegada.

 

Vinieron esos conocidos capítulos de pretendida literatura que el susodicho del monito a cuestas y plumas en la cabeza, se da a la tarea de, con su crítica atroz y despiadada, despedazar sin misericordia alguna.

 

El caos llegó a su culmen en la persona de un tipo anónimo con una tremenda pinta de gorrón en busca de comer sin pagar. Experto en el oficio, días antes, según se puso en claro luego de finalizado el encuentro, había olfateado en el ambiente que en honor a las mujeres, justamente, ahí en ese local y a esa hora, se serviría un plato de comida gratis.

 

Daba la apariencia de oír sin escuchar las intervenciones del acto, el mentado, y hartábase hasta mostrarse ahito. Numerosos testigos le vieron llenar su plato en tres ocasiones, a lo cual, recorrió el salón una ola de murmuraciones en voz baja. Uno de los organizadores, escandalizado por la actitud de aquel tipo que parecía barril sin fondo, gritó voz en cuello: –No más repeticiones por favor! Que yo tengo un perrito esperando en casa!

 

Pobre! No se había dado cuenta que el susodicho personaje, en una enorme bolsa negra había recogido toda la comida sobrante y disponía marcharse con ese cargamento sobre la espalda, de la misma manera con que aquél que ya dijimos, se echa el monito a cuestas.

 

Viéndose bajo sospecha, trató de ocultar la bolsa bajo su asiento y dijo el tipo: –La pura verdad es que no soy un paria hambriento como vosotros podríais imaginar. Soy en realidad un capitalista de pensamiento neoliberal; un exitoso hombre de negocios! Y si vine aquí disfrazado de pelagatos a infiltrarme entre vosotros no fue por hambre, sino para escuchar vuestras argumentaciones y tratar de entender de este modo, porqué estais siempre despotricando contra los ricos y doliéndoos de vuestra condición de pobres, en lugar de intentar abriros paso en el mundo de los negocios, tal como yo he hecho, con resultado feliz…!

 

El público fue tomado de sorpresa por semejante declaración. Hubo un momento de estupor e incertidumbre, luego de lo cual sobrevino la segunda etapa del caos que se vivió en esa celebración del Día Internacional de la Mujer!

 

En plena vorágine de confusión, se vió una sombra deslizarse hacia la puerta de salida con un bulto negro a cuestas, y perderse entre las sombras de la noche. –Ahí vá! Hoy si lleva el monito! –dijeron algunos. –No! No es él –exclamaron otros.

Poco después se deslizó hacia el mismo lugar otra sombra. Esta vez se confirmó que en efecto, se trataba del amo y señor del caos absoluto.

Todo parecía indicar que el perrito del argentino, esa tarde se quedaría sin comer.

 

 

Lobo Pardo


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: