Las ultimas monedas de la vida

Te reías de tus propias palabras y renegabas contra aquellos que escribían sin esa necesidad vísceral de sentir dentro de las entrañas cuando un poema quiere despertar, de la falta de fe en los dioses de la poesía. Solíamos sentarnos bajo tu sombra y cuanto aprendíamos, aprendimos a leer y a callar, aprendimos que la poesía, era una dama caprichosa y que no se iba con cualquiera, ya te vas, casi sin tiempo para la despedida, un beso, o el ultimo consejo, casi no puedo verte, perdón, maestro, pero no puedo dejar de llorarte, aunque sepa que: “Gasté todo lo que tenía para toda la vida”. Ahora solo nos queda la noche y sus voces y la desesperación de volver a escuchar en una noche de silencio tu voz de tabaco y batallas sin medallas. ahora andará la belleza perdida buscándote, Isidoro, y quizás ella te encuentre en el destino de un tango perdido, en una lagrima desconocida.
Jaro Godoy


2 comentarios to “Las ultimas monedas de la vida”

  1. Que bellas palabras. Tan exactas y tan profundas. Me hicieron llorar. ¿Quien las escribió y para quien? Soledad.

  2. Esa necesidad de escribir un poema, cuando hay voces que desde el alma nos dicen que extrañamos a ese ser que inspira nuestros versos, con cada latido del corazón queremos decir no te olvidaremos. Es hermoso lo que escribes. Es la magia de palabras la que nos regalas. Felicitaciones.

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