Lisístrata

(El monólogo de un auténtico feminista)

 Pues bueno, hermanas. Yo soy Lisístrata ¿y qué?

¿No lo creéis? ¿Me imaginabais de otro modo?

Ya sé que no soy muy guapo, que estoy demasiado gordo y que me faltan por aquí y por allí esos encantos que a vosotros os sobran. Ya sé que me falta todo eso. Y sobre todo: que me sobra algo… o más bien que me sobraba. Porque… los dos centímetros que hasta ayer me colgaban – allí donde otros tienen, perdón ¿cómo se dice? ¿la polla? – me los corte anoche. Sí, anoche mientras me preparaba para venir a esta conferencia feminista. ¡Vaya! para que la igualdad no se quede en teoría, pensé. Y estirando un poco el carricito entre mis piernas tomé a continuación las tijeras. Bastó un solo corte. Uno solo pero fuerte, rápido y eficaz. Lo demás es historia. Una historia que mi gato saborea todavía.

 

¡Qué alegría veros por aquí! Por este lado, donde deberían haber más y donde yo ahora, en solidaridad, junto a vosotras también me encuentro. Yo me encuentro de vuestro lado, no lo dudéis. De vuestro lado; y por eso hice lo que hice. No es posible venir aquí y hablar en contra de la tortura trayendo al mismo tiempo las herramientas de trabajo consigo, pensé; teniendo en mi mente mi antiguo oficio de torturador. Lo pensé de ese modo y entonces, sin duda alguna, empuñé las tijeras con más fuerza. Lo hice, quiero que lo sepáis, con todo el apoyo de mi mujer. Sin su solidaridad moral no me habría jamás atrevido. Ella estuvo conmigo todo el tiempo. Y luego cuando ya todo estuvo terminado me dijo con alegría. ¡Vamos! Celebrémoslo; y sacando una botella de vino se desvistió. ¡Ven! me dijo después dulcemente. Lo demás lo he olvidado; pero recuerdo perfectamente cuando al final me dijo: no olvidaré jamás este momento; ha sido mi mejor noche de amor. Y para mí también, os confieso; y precisamente por respeto a ese hermoso recuerdo he decidido olvidar, ahora, lo que también haré con alegría mañana. Disculpad que me haya ahorrado los detalles; pero creo que es mejor así. No tiene nada de extraño. ¿O lo creéis? ¡Hombre! no lo hagáis. Es de lo más natural. Yo he cambiado únicamente mis preferencias ideológicas. Me he pasado, en ese punto, de vuestro lado; pero en lo relativo a lo sexual sigo teniendo los mismos gustos de siempre. Aquellos que me dio mi naturaleza masculina y la cultura donde se desarrolló. ¡Mucho respeto para los que teniendo esa misma naturaleza tienen, sin embargo, otras preferencias! Sexualmente hablando, sin embargo, lo que a mi me atraen son las mujeres. Con los hombres – en materia sexual – no quiero nada. Con ellos, disculpad la expresión: ni aunque se pongan de culo y yo esté en la cárcel y no tenga otras opciones.

 

Disculpadme que haya empezado con una pequeña mentira. Yo me llamo, realmente, de otro modo. Tengo otro nombre y también otra identidad sexual a la vuestra. Jamás me atreví a cortar los dos centímetros que todavía cuelgan allí en donde siempre han estado. No lo hice y tampoco creo necesario hacerlo. No, no lo es. Porque para defender, en solidaridad y junto a vosotras, vuestros derechos que también son los de mi madre, mi abuela y mis hijas; lo que hace falta es, mas que un cambio de identidad sexual, un cambio de identidad política e ideológica. Otra perspectiva ética de relación entre nosotros.

 

¿Recordáis a Lisístrata? Digo a la verdadera Lisístrata. Pues si lo hacéis, entonces, ya sabéis lo que quiero proponeros. ¡Una guerra de amor! Exacto. Una guerra de amor para conquistar la paz. Y es que la paz de los hombres no es la paz de las mujeres del mismo modo que la paz de los ricos no es la paz de los pobres. ¿Qué significa ser hombre? ¿Qué significa ser Mujer? Desde una perspectiva política, generalmente hablando, ser hombre significa tener poder y de allí que hayan bien pocos hombres, mientras que ser mujer no tenerlo; y de allí que hayan más mujeres de las que, biológicamente hablando, realmente existen. Definir esto es importante como importante es definir en toda guerra entre enemigos y aliados. Aliados en nuestra guerra, hermanas, son todos los oprimidos y explotados, todos los carentes de poder independientemente de su naturaleza biológica. Todos los demás, independientemente de su naturaleza biológica también, son nuestros enemigos y contra ellos, contra esos hombres: ¡la guerra! Para ellos ni un beso, ni una sonrisa, ni un abrazo y mucho menos… lo que ya vosotras entendéis. Que eso, y mucho más, lo haremos solo entre nosotras. Mano a mano y beso a beso; compartiendo, mitad a mitad, el poder; para que todos seamos, algún día, más felices.

 Rodrigo Madrigal

 

 

 

 

 


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