Palabras a los intelectuales

 

No hay óxido en las palabras que escribo.

Están acabaditas de pulir

y puestas, orfebremente,

sobre las otras que escribí

hace un instante en el mismo papel

de blancura dudosa.

Son palabras de segunda mano

al vuelo

humeantes y ciegas

anudadas unas a otras por el epíteto

la mala muerte

el teorema frágil del descuento

-el disparo a sedal de rojo bermellón-

Puedes oír el retumbar del trote en ellas

la cascada

el motivo del traidor

el chasquido de la muerte.

Leyéndolas

habrás visto al adolescente ambiguo

haciéndote señas perversas desde el altillo.

Por esas palabras puedo ser condenado a trabajos forzados

a una pena cualquiera.

No son precisamente

dadas a salvarme

difícilmente podré asirme a ellas.

En mi naufragio

no me salvarán de las denuncias

de los anónimos

de las acusaciones perennes.

Están escritas sobre otras

y aquellas a su vez sobre otras tantas.

Y así

sucesivamente.

Pedro A. López Cerviño

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