UN DÍA DE LLUVIA DECEMBRINA…

 

                                                                                                                                                         Por: Leonardo Pereira Meléndez
 

¡Qué problema con estas lluvias! Esta mañana, mientras me daba un baño, oí un estruendoso ruido en mi cuarto. Pensé que se había caído el estante de mi biblioteca. Pero, no; nada se había caído. Cuando abrí la puerta de mi cuarto –del susto– por poco dejo caer mi toalla: Un enorme ciervo se hallaba –mal herido– dentro de mi habitación. “Leíto, José Leonardo, vengan acá…”. “ Ya voy Papá”, “Ahí voy”. Asombrados, entre mis hijos y yo lo curamos; le dimos de comer; y, en silencio, como pudimos lo metidos al ascensor, sin hacer nada de ruido (una de mis vecinas, la del piso de arriba, le molesta toda clase de sonido). Ya en la planta alta (azotea, como decimos los caroreños) del edificio, lo sacamos y liberamos. Tomó impulsó y voló muy alto, tan alto que rápidamente se perdió de nuestras vistas. Mis hijos y yo, hemos pasado toda la mañana en sosiego y en un mutismo casi tenebroso. No nos atrevemos a comentar nada. ¡Válgame, Dios! A estas alturas de mi vida, cómo les explico a mis amigos –tan agnósticos como yo– que un reno chocó contra la ventana de mi cuarto; y, aún malherido, logró meterse en mi habitación y que de verdad-verdad, San Nicolás existe.

¡Feliz Navidad 2010 y próspero año 2011!

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