Una niña que estaba `brun´

  Los catadores profesionales clasifican los vinos por su sabor; los bebedores impenitentes lo hacen por su efecto. La ausencia de Margaretta, a quien Antonio conocía de años, mientras que Eduardo y yó, apenas días, era una realidad abrumante.

 

El vino que rociaba el asado que nos convidaba Antonio estaba narcotizante. Esto, aunado al vacío de Margaretta hizo que Eduardo quedara dormido en el preciso instante en que el equipo de futbol estadounidense emparejaba las acciones ante su similar de Inglaterra.

 

Vuelto en sí el que dormía, intentamos retomar la tertulia. La referida ausencia y el referido efecto del vino servido por nuestro anfitrión imponían un silencio embarazoso. La nocturnidad ejercía su vasta influencia en el filo de la media noche. Afuera soplaba un viento tenaz y a ratos cernía una leve llovizna.

 

Intenté quebrar la monotonía. Traje a colación el extraño encuentro, recién llegado yo a estas tierras, con un viejo que decía, llamarse Horacio Ríos (o algo por el estilo), dirigirse hacia Noruega para regresar luego a Berlín; periplo al que le inducía la pista que seguía al pasado de Peter Paul von Bauer, fundador de la compañía aérea SCADTA, de cuyo vientre nació Lufthansa.

 

Sucedió un domingo. La tarde era otoñal, ventosa, gris y persistía una lluvia moderada, pero helada. Esperaba yo a Sigrid en el “Bar del Marinero”, sentado junto a la ventana desde donde se pueden divisar los botes que arriban al puerto.

 

En esa época, Sigrid entraba a su trabajo de camarera en el restaurante de la isla Elba los días viernes, y regresaba a Västerås el domingo por la tarde. Vivía sola, había perdido contacto con sus parientes. Me premiaba con una suculenta bandeja de sobras de lo cocinado, y a veces con una botella de vino, cada vez que llegaba yo a esperarla. “Necesito saber que alguien me espera”, decía sincerándose conmigo.

 

¿Speak you spanish? –preguntó el viejo señalándome con el índice.

 

Oh sí! El sueco es una lengua imposible; español es lo único que hablo! –contesté. Se hacía cubrir con un aura de misterio. Hablaba un idioma castizo con leve acento argentino.

 

Propuso que se ocupaba de escribir un libro acerca de las verdaderas circunstancias que gravitaron sobre la muerte de Carlos Gardel.

 

No fue accidente, sino un múltiple asesinato! –refirió a mí en tono confidencial.

 

Nunca he sido devoto del tango. No le di importancia al asunto.

 

Comenzaba a sentir hambre, y desespero por ver llegar el bote que viene de la isla, que también se llama Elba.

 

SCADTA no era una empresa cualquiera –monologó el viejo–. En su momento descubrí que formaba parte esencial del proyecto “Tercer Reich e imperio germánico mundial”

 

Nunca me habría cruzado por la mente la posibilidad que Gardel formara parte de alguna intrígulis política –me atreví a comentar, sólo por no parecer descortez.

 

Pasajeros y tripulación de ese vuelo fueron víctimas inocentes. Los sicarios ni siquiera sabían a quienes iban a matar. El objetivo era hacer quebrar a SACO (Sociedad Aérea Colombiana); primer paso a dar para que SCADTA se posesionara como dueña y señora del espacio aéreo suramericano! –dijo.

 

Entre la bruma gris se dejó oír el silbato del bote Elba que se acercaba. Hice el ademán de levantarme. Más cuando llovía, gustaba a Sigrid verme de pie al borde mismo del muelle para recibirla con un beso y un abrazo. Le parecía romántico.

 

El viejo tomó la manga de mi chaqueta para retenerme lo suficiente y decir con vehemencia que pensaba aderezar su ensayo con un episodio real y bastante conocido en Nueva York. El de Estrella Gisele. Una putita que vivía enamorada de el único hombre con el que había experimentado un orgasmo. Se encontraron en el bar del hotel Love Bird donde la Gisele se ganaba la vida. Se amaron apasionadamente durante toda la noche. Al amanecer, quiso ella retenerlo para el resto de su vida. Como toda respuesta, antes de desaparecer por donde había llegado, el forastero cantó para su casual amante un tango, en un idioma inintelegible, pero en un tono para ella, tan hechizador como inolvidable.

 

Fue una tarde tan gris como ésta –agregó mi obligado interlocutor–, que enterada por la portada del New York Times, de la identidad de quien ella había quedado enamorada, volvió al cuarto donde habían amado. Se atrevió por única vez a los versos. “Ahora que no te veré más, vengo al único lugar donde te vi vivo”, escribió. Luego bebió un brebaje letal antes de quedar tendida sobre la cama…

 

Es una lástima que os marcheis –dijo el viejo hacia mí–, podría yo comprobaros que las cenizas en que se convirtieron aquellos cuerpos calcinados, de inmediato comenzaron a ser dispersadas por el viento. Nadie sabe dónde fueron a parar las cenizas de Gardel!

 

No me vengai con huevás –interrumpió Antonio Muñoz–. Todo mundo lo sabe! Te diré. La dictadura me obligó a cruzar la cordillera! He vivido en Buenos Aires! He visitado su tumba, en el predio de los ilustres, en la mismísima Recoleta!

 

Es correcto! Por las mismas causas de Antonio, yo también viví en La Plata e hice lo mismo! ¿Cachai o no? –terció Eduardo Carvajal.

 

La tertulia fue sábado. El domingo iba yo a ciertos menesteres quizá con aire distraido. Caminaba y meditaba sobre el arraigado excepticismo de aquellos hombres y mujeres, antes tan crédulamente devotos de la democracia, y que a partir del once de septiembre del setentitrés se dieron a dudar sobre todo cuanto existe entre el cielo y la tierra.

 

A lo lejos divisé a las pequeñuelas, hijas de la señora Luna de Mar. Esta señora chilena, me quitó su amistad a causa del ardor de ciertos versos imposibles. Quiso ver lascivia en donde sólo había inocente ternura.

 

Llegó corriendo Carlita hacia mí preguntándome emocionada –Hola! ¿Ha visto usted cruzar por aquí a mi amiguita?

No sé quien es tu amiguita! –contesté.

Es una niña que estaba brun!

Una niña morena” quiso decir, y echó a correr de regreso. Corría como quien corre a salvar el mundo.

 Lobo Pardo


2 comentarios to “Una niña que estaba `brun´”

  1. Muy buemo, me gustó.
    Boris Gold

  2. muy bueno LOBO PARDO
    corto y contundente
    palabra por palabra

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