UNA SOMBRA AGRESIVA

 

Ya lo intuía.

Alguien o algo, transitaba junto a él todos los días y las noches. En cada movimiento.

No era su sombra. Estaba seguro de eso. Conocía a su sombra y su suave compañía en distintos momentos. A veces, aunque no la viera, percibía su presencia compasiva.

Tenía claro que éste, era un espectro muy cruel que se arrastraba con un ruido subterráneo y maligno. Por eso le temía, porque pensaba que el temor le recorría la piel como una helada corriente eléctrica y porque suponía que era agresivo y perverso.

Pero lo admitió demasiado tarde. Al ser atacado.

Julio Campos Avila

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